Tardó casi tres semanas en decidirlo, tenia que alejarse de ahí. aquellos muros lo asfixiaban ademas sentía unas extraña añoranza hacia la elfa.
Explico al jefe de guerra que quería volver a su poblado para recobrar las pertenencias de sus ancestros ya que después de aquel ataque fatal no había vuelto por ahí.
Tardo tan solo un par de días en buscar un sustituto temporal a quien dejar al cargo de las guardias y las redadas de rastreo. recoger sus pocas pertenencias útiles y preparar una gran montura worguen para el viaje; el gran lobo negro podría ayudarle a cargar con parte de los objetos que tenia pensado llevar.
Al alba cargó a la bestezuela con los enseres y empezó su camino tras despedirse del cocinero prometiendole buenas piezas para su horno y del mozo de establos, un joven orco acogido por el gran jefe de guerra.
Le esperaban un par de horas de viaje, apresuró el paso haciendo atronar el suelo bajo sus pasos y rompiendo el silencio con el rechinar de los golpes de su armadura. El enorme lobo trotaba a su lado con gesto alegre, este ejemplar había abandonado pocas veces el castillo, era un macho joven, de buena raza. Era un camino tranquilo, pasadas las guerras por ese territorio y habiendo perdido meses después el territorio de su antiguo hogar, ahora este camino era el único paso seguro por el que se podía andar sin vigilar constantemente tus espaldas.
Esos asquerosos orcos picaros, burdos asesinos sigilosos, no pelean de frente solamente esperan a que el enemigo este descuidado para poner fin a su existencia sin honor alguno. No es una maestría bien vista entre los suyos, aunque sean útiles al rey y a sus propósitos ese método de lucha los orcos lo encuentras repulsivo.
Camino durante dos horas jugueteo con el worguen, por el camino el enorme animal despedazo un jabalí como aperitivo lo cual hizo reír bastante a Thark. Parecía un buen compañero de caza, anque tan solo eran entrenados como monturas.
A Thark no le gustaba usarlos como monturas, prefería su noble compañía dando un paseo o en un viaje largo.
A lo lejos comenzó a divisar las ruinas de lo que había sido su poblado hacia tanto tiempo, aminoró el paso, pasó por aquellas travesías que de pequeño había recorrido tantas veces con su bisabuela, tantos lugares reducidos a escombros y cenizas, el lugar en el que aquel gran roble daba sombra a los jóvenes orcos que buscaban un momento de descanso de sus tareas diarias, solo quedaba un tronco oscuro y calcinado, congelado en el tiempo se desacía poco a poco igual que su pasado. Notaba ese odio en su interior, deseo de sangre, lo deseaba.
Llego a su hogar, habían pequeños cambios, ventanas reparadas, puertas bien encajadas, tenia menos basura.
Empujo la puerta, chirrió un poco, su interior vacío, en semi oscuridad.
Entró.
No había nadie, buscó con la mirada.
-¿Hola?- dijo en voz baja.
Una sombra salto detrás de el, sin poder evitarlo intentó desenfundar su arma, pero antes de conseguirlo la elfecilla le abrazó, le miró a la cara, el se encontró con una expresión de dolor con lagrimas en los ojos. Ella lo abrazó mas fuerte.
-¡Eres un tonto, dijiste que volverías pronto!-
Estaba sorprendido, aquella agilidad. No la había visto hasta el último momento. Esas palabras se clavaban en su memoria. La abrazó.
-Eres un orco tonto, tonto, tonto, tonto-
El la dejó llorar.
-Pensé que no volverías nunca, mi familia dijo que volvería y no volvió nunca, no quiero que me dejes-
-No te dejaré-
Dijo para sorpresa de ella, ella siguió llorando, hasta quedar dormida.
NXD
lunes, 15 de diciembre de 2014
jueves, 13 de noviembre de 2014
La elfa:
Se giró solo para
encontrarse con una escena un tanto extraña, el elfo, o mejor dicho, la elfa
pues era una chica de aspecto bastante infantil. Había esquivado su golpe y se
encontraba abrazando al enorme felino.
El odio de Thark
hacia la raza de la joven no se había activado, esa repulsión parecía haberse
extinguido al mirar a aquella niña llorando junto a la bestia.
Se recompuso,
enarboló la maza dispuesto a acabar con ella, no podía permitirse dudar.
Un solo golpe certero
para acabar con ella…
Fue entonces cuando
se giró a mirar al orco, arrodillada aun junto al animal, cabizbaja, fue
levantando lentamente la cabeza hacia él sin poder mover un músculo, Thark
asistió a la escena sorprendido. Lo que sucedió a continuación lo dejó aun más
anonadado, la criatura de cara inocente utilizando una melodiosa voz le dijo en
perfecto orco:
-¿Puede ayudar a mi
gatito, señor elfo? Él… fue atacado por esos monstruos.-
A la vez que lo decía
le miraba con ojos llorosos y un gesto de profundo dolor hacia su mascota.
Aquellos ojos que perseguirían a Thark mucho tiempo después pero que en aquel
instante lo hipnotizaron. Unos preciosos ojos color castaño ambarino lo miraron fijamente,
cautivándolo.
Se olvidó de su odio,
de que era un orco y de que la chica que lo miraba era un demonio de orejas
puntiagudas para perderse en la pureza de aquella mirada. Se encontraba en
estado de shock durante su vida había visto muchos elfos con colores de ojos
similares a esos, pero no tenían aquella esencia.
-Por favor, Kobu necesita
ayuda-
Esa voz… la había
oído antes, o puede que no.
Se acercó a la elfa,
la miró a los ojos, no podía recordarlo.
Decidió ayudarla,
aunque eso fuese totalmente en contra de lo que había pensado hasta ese
entonces. Su instinto le pedía a gritos matarla, pero el no quería hacerlo.
Examino más de cerca
al animal, se dio cuenta de que una de las puntas de lanza seguía incrustada en
un costado, la arrancó.
Un chillido agudo lo
sobresalto.
-Tenga cuidado señor
elfo, mi gatito esta muy herido.-
Se acercó la lanza a
la nariz.
Veneno.
Estaba completamente
impregnada de veneno, rebusco en su macuto, sacó un cuenco y con ayuda de una
piedra empezó a machacar distintas plantas, tardó pocos minutos y le aplicó el ungüento
a la bestia en todas las heridas. Al terminar le pudo entre las fauces el
contenido de un frasco que irradiaba energía, el animal bebió mientras
intentaba reincorporarse tras despertar.
El orco se apartó
pero la elfa corrió a su lado otra vez, con lagrimas en los ojos, estrujo al
pobre felino cual peluche hasta dejarlo sin aliento.
El puma, Kobu (como
lo había llamado ella), le devolvió la muestra de afecto en forma de lametazos.
Miró al orco con
desconfianza, la joven se percato y le riño:
-Mas respeto kobu,
este buen elfo te ha salvado la vida-
Aquellas palabras que
tanto repetía esta vez surgieron efecto; se le pasó el atontamiento que había
sufrido y le grito:
-¡No soy un elfo! ¡No
te atrevas a llamarme otra vez así!-
La elfa sobresaltada,
cayó de culo sobre el suelo y el puma erizó los pelos de la espalda, Thark se
tranquilizó un poco.
-¿Quién eres?-
Preguntó a la elfa
-Mi nombre es Herzlos-
Dijo muy orgullosa de si misma, aun sin soltar al puma que intentaba
levantarse.
-Yo soy thark y soy
un orco, no habías visto antes un orco, ¿verdad?-
La chica le miro como si estuviese diciendo la
tontería más grande del mundo, no respondió a la pregunta.
-¿De donde vienes?-
Continúo Thark.
-De ahí- dijo
señalando con el brazo el sur del frondoso bosque –Estoy buscando mi casa-
El orco intentó recordar
que había por esa zona, solamente recordaba el poblado arrasado en el que vivía
de pequeño, el cual había ido desapareciendo poco a poco mientras lo envolvía
un frondoso bosque.
Cuando la pantera se
hubo recuperado la elfa se puso a su lado, Thark empezó a pensar en la tontería
que estaba haciendo, no podía llevarla con él. Pero, ¿abandonarla?
-Tienes que irte
chiquilla, por aquí hay monstruos peores que esos kobolds-
Puso una voz tan
ridículamente infantil que le dio vergüenza. La elfa se rió.
-Que gracioso, pon
esa voz otra vez jejeje-
El orco se puso
serio, se dio la vuelta y empezó a caminar.
Pasados unos minutos
escucho unos pasos apresurados siguiéndolo, acompañados de los gruñidos del
felino. En voz baja escuchó a la elfa reñirle a la pantera.
-Malo kobu, tenemos
que seguir en silencio al señor elf... huy jijiji orco, orco, orco-
Distraída y
repitiendo esta letanía, siguió caminando hasta tropezar con Thark, él la miró
con gesto agrio.
-¿Donde crees que
vas?-
Dijo, intentado infundirte miedo para que dejara de seguirle.
-¿Puedo ir con usted
señor?-
Ponía una carita triste, unos ojos llorosos que llegaban al fondo del
frío y muerto corazón de Thark.
-No puedo llevarte
conmigo, no eres bienvenida entre los míos-
-Pero porque señor,
emm, ¡A si! Señor orco, yo he hecho nada
a sus amigos-
No podía abandonarla,
le resultaba difícil no hacer caso a aquella chiquilla cunado ponía carita
triste. Empezó a pensar en alguna forma de resolver temporalmente aquella
contingencia, Tal ves pudiese quedarse con el felino el su casa, pero la elfa
no podría pasar por la puerta sin que alguien rastrease su olor.
-Ven conmigo, pero
tienes que hacer todo lo que te ordene, ¿entendido?-
Cedió apesadumbrado por
los acontecimientos que podían acaecer. La expresión de la joven al oír eso fue
casi cómica, empezó a dar saltitos de alegría, en un impulso saltó hacia Thark
y le abrazó.
El orco sorprendido
no puedo evitar el gesto de cariño de aquella desconocida, un reconfortante
calor recorrió su interior, apartando la tristeza y el odio. Por un momento,
fue feliz. Devolvió el abrazo a la elfa,
que sorprendida apoyó la cabeza sobre la fría armadura del orco.
Caminaron durante un
buen rato, Herzlos revoloteaba, saltaba y jugueteaba junto a su pantera la cual
también parecía apreciar un poco más al orco después de aquella repentina
muestra de afecto.
Le costo un rato
recordar la ruta de vuelta a su antiguo hogar. La choza en la que se había
criado con su abuela se alzaba ante sus pies, no había pasado por ahí en años.
Los recuerdos volvieron a atormentarle.
Abrió la puesta que
con un sonoro chirrido cedió fácilmente, dentro todo estaba como lo habían
dejado aquella tarde en la que Thark fue a cumplir con sus obligaciones de
guerrero ante su tribu.
-No debes hacer ruido,
no llames la atención, intenta que nadie se de cuenta de que estas aquí-
Fue
diciendo a medida que recogía un poco el lugar, hablaba y hablaba dando ordenes
que la elfa había prometido cumplir aunque la verdad dudaba mucho que se
acordase de mas de una o dos de las que le había dicho.
-Si señor orco-
Repetía ella una y otra vez mientras Thark seguía hablando.
-Llámame Thark, no
señor orco-
-¡Si! Thark, Thark,
Thark, me gusta como suena jajaja- Añadió feliz.
-Tengo que irme,
¿has entendido todo lo que te he dicho?-
-¿Me tengo que quedar
sola?-
-¿No tendrás miedo
verdad?-
-¡No! Soy la elfa más
valiente del mundo entero-
-Bueno volveré cuando
pueda-
Le miró preocupada,
con aquellos ojos tristes que ponía de vez en cuando.
-No me abandones, por
favor señor Thark, no me dejes sola-
Otro pinchazo en el
pecho del orco, estaba empezando a molestarle aquello.
-Volveré, solamente
haz lo que me has prometido-
Con esas palabras
dejó a la elfa en la caseta, junto con el felino que gruñía desde dentro, mientras se alejaba
se giró un par de veces y observó una leve luz que salía de una de las ventanas
medio tapiadas.
-Un fuego- se dijo a
si mismo –Puede que no sea una elfa tan inútil como creía- Sonrío, en su
interior sabía que había hecho lo correcto. Aunque en su cabeza no creía que
hubiese hecho bien.
La magnitud de lo que
había hecho no tenía limites, conforme se alejaba pensaba que debía haberle
dado un mazazo cuando estaba a tiempo. Si llegaban a descubrir lo que había
hecho peligraba más que su estatus, seguramente perdería la vida.
Aceleró el paso.
Llegó tarde al
fuerte, los guardias no preguntaron, aunque era normal, Thark estaba por encima
de ellos en la escala social de aquella sociedad, no les traería nada bueno
cuestionar sus actos. El cocinero pregunto por la presa que le había cazado esa
noche mas su estupor fue grande al ver que no traía nada.
Inventó una excusa
mal pensada y se retiró a su habitación, esa noche necesitaba dormir.
Paso los días
siguientes intentando ordenar los toscos pensamientos de su dura cabeza de
orco. No era normal, algo estaba fallando en su interior. Un orco no es amigo
de un elfo. Pero esa elfa, le caía bien. Sentía una profunda necesidad de
protegerla.
Necesitaba
protegerla.
lunes, 10 de noviembre de 2014
La caza:
Mucho tiempo paso metido en
aquella sala, debido a su crueldad y los horrores que creó en ese lugar, se ganó el respeto de todos los guerreros y además obtuvo el favor del
nuevo jefe de guerra, pasando de este modo a convertirse en su mano derecha.
Consiguió nuevos privilegios que le permitían tomarse mas tiempo libre para dedicarlos a la caza o simplemente a perderse en el bosque.
Consiguió nuevos privilegios que le permitían tomarse mas tiempo libre para dedicarlos a la caza o simplemente a perderse en el bosque.
Fué dejando gradualmente de
interesarse en la sala de tortura, conforme se cansaba de aquellos juegos prefirió pasarle el testigo a nuevas generaciones que
ansiaban divertirse con los prisioneros llegaban casi a diarío desde distintas
partes del territorio orco.
Solía seguir degustando la
carne de elfo de cuando en cuando, no podia dejarcomersolos, estaban sabrosos, la mejor presa. Conforme dejaba de lado el tomento, su sed de
sangre fue calmandose de poco a poco. Has ta esconderse en lo profundo de su ser, esperando agazapado el momento de volver a salir.
Volvió a ser un orco equilibrado que una vez escuchaba las palabras de una sabia anciana.
Se perdía por el bosque en busca de presas suculentas para el cocinero, este solía preparárselas con una receta especial de su tribu natal, un toque picante que le gustaba mucho. Muy a menudo se reunía con el para rememorar tiempos pasados, como solian decir sus ancestros:
-Cuando los orcos eras orcos, y las bestias muy grandes-
muy buenos tiempos para la caza, luego llegaron las demas razas a invadir y esclavizar, extinguiendo a los grandes mamiferos que poblaban aquella región.
Se perdía por el bosque en busca de presas suculentas para el cocinero, este solía preparárselas con una receta especial de su tribu natal, un toque picante que le gustaba mucho. Muy a menudo se reunía con el para rememorar tiempos pasados, como solian decir sus ancestros:
-Cuando los orcos eras orcos, y las bestias muy grandes-
muy buenos tiempos para la caza, luego llegaron las demas razas a invadir y esclavizar, extinguiendo a los grandes mamiferos que poblaban aquella región.
Una tarde armado con una de las
mazas de dos manos de la armería, pues no solía salir con su maza de combate,
se encontraba rastreando un enorme jabalí, una bestia a la que el rey puso precio pues
estaba asolando bastantes pueblos.
En las últimas semanas, había matado ya muchos niños y ancianos y a varios cazadores expertos que intentaron acabar con él.
En las últimas semanas, había matado ya muchos niños y ancianos y a varios cazadores expertos que intentaron acabar con él.
Busco sus huellas durante
varias horas, pero el rastro era débil, muy concentrado en su tarea apenas escuchó, a lo lejos, el sonido de kobolds. Sucios y asquerosos kobolds
intentando darle caza a algo, que por lo visto no se dejaba matar facilmente. Escuchó aparte de los rugidos de la criatura y un chillido agudo.
Salió corriendo en aquella dirección, aunque más intrigado por el hecho de que un grupo
de kobolds rondase por las inmediaciones comvirtiendose en peligro pues esa plaga solamente servia para reproducirse y
convertirse en un problema.
Tomó impulso y con un potente
saltó, enarbolando la maza aterrizó a la vez que golpeaba a aquellos asquerosos
seres, no hacia falta mucha habilidad, había tal cantidad de engendros que le
bastaba con golpear en círculos para llevarse a varios por delante, giro, golpe, no tardo
mucho en acabar con el último, sus armas precarias y mal fabricadas apenas
alcanzaban arañar la superficie de la pulida armadura de Thark.
Observó el cuerpo inconsciente de un ejemplar de una magnifica bestia, sis facciones felinas recordaban a un enorme pantera, con un color oscuro azabache podría perfectamente ocultarse en la noche orcura sin ser descubierto.
Observó el cuerpo inconsciente de un ejemplar de una magnifica bestia, sis facciones felinas recordaban a un enorme pantera, con un color oscuro azabache podría perfectamente ocultarse en la noche orcura sin ser descubierto.
El animal, aunque inconsciente, seguía vivo,con algunas heridas provocadas por
las toscas armas que habían intentado usar para darle caza.
Estudió atentamente al animal, una bestia asi sería unn buen compañero aunque no se mide con los grandes lobos del norte que acompañan a los orcos en sus cacerías. Esos si que son fieles compañeros, no como los felinos con sus inesperadas acciones. Sumido en sus pensamientos olvidó revisar a su alrededor. En esa zona no habían grandes felinos, originarion del sur donde las presas son menos escasas era muy raro que subiesen tan al norte. Mucho rato paso en ese lugar hasta que a sus oídos llego un leve sollozo agudo,
alguien lloraba entre unos matorrales a su derecha, alguien que habia estado tan inconsciente como la pantera.
-¿Otra presa de los kobols?-
susurro Thark
Algo se movió, el llanto se hizo más fuerte al ver el cuerpo del tigre inerte sobre el suelo. Era una voz chillona aunque un tanto melódica, le recordaba a algo, habia escuchado ese llanto antes, un llanto como de…
Algo se movió, el llanto se hizo más fuerte al ver el cuerpo del tigre inerte sobre el suelo. Era una voz chillona aunque un tanto melódica, le recordaba a algo, habia escuchado ese llanto antes, un llanto como de…
¡Elfos!
Enarboló la maza en posición de
defensa.
Estaba preparado, una esbelta figura salió corriendo entre la maleza, no podía verle bien, era muy rápida, perdió la vista a la criatura, reculo esperando el ataque.
Estaba preparado, una esbelta figura salió corriendo entre la maleza, no podía verle bien, era muy rápida, perdió la vista a la criatura, reculo esperando el ataque.
Cuando notó detrás de el a
alguien.
Se giró.
...
...
sábado, 8 de noviembre de 2014
Dolor:
Se encontraba muerto por dentro, había rendido culto a la tumba de Yinai al estilo orco que le había enseñado de pequeño. Su odio haca los elfos, humanos y enanos creció desmedidamente, se apuntó a todos los turnos de guardia y rastreo por el territorio orco, mas de una vez se toparon con viajeros descuidados a los que asesinaron sin piedad.
Mas de una vez ahuyentaron incursiones enemigas a pueblos cercanos, ataques identicos a los que le habian dejado huérfano de pequeño, fue subiendo escalones en su sociedad hasta convertirse en un miembro importante del fuerte, el cual esperaba recibir pronto otro jefe de guerra designado por el gran rey orco.
Es algo de lo que no se sentiría orgulloso en un futuro aunque en ese momento nada le hizo más ilusión que, durante la reconstrucción de los desperfectos del fuerte, añadir una cámara enorme especialmente diseñada para el cautiverio y la tortura de enemigos de guerra, más de una tarde se había encerrado en esa sala con cada uno de los rehenes de la gran guerra falsa que había acabado con la vida de su único y mas preciado familiar.
Durante uno de sus combates uno a uno Thark había descubierto algo muy curioso, tan curioso que lo puso a prueba y pasó con nota. La carne de elfo sabia mucho mejor que la de cerdo, sobre todo si la acompañabas de jugosa y suculenta sangre caliente de la víctima. tenia que defenderse de su agresor y no se le ocurrió otra cosa que pegar un bocado a su garganta. no se arrepintió de hacerlo.
A a algunos orcos les pareció algo inutil e innecesario, otros simplemente lo vieron algo normal y un ultimo grupo reducido se unió a Thark en sus cacerías para probar el sabor de los dulces elfos.
El dolor lo rompía por dentro, si, pero el poder provocar tanto sufriendo en sus víctimas le hacia sentir tan bien...
Lo mejor era arrancarles un brazo, calcinar la herida y devorar la extremidad mientras el prisionero seguía retorciéndose de dolor.
Memorizó todos y cada uno de los lamentos, los insultos a su raza, cada llanto y cada sollozo, cada grito de agonía. Recordaba con especial cariño a la elfa que se reconoció como la asesina de su abuela que acompañada por un grupo de guerreros acechaban los arrededores de una aldea de pacificos espiritistas, gente humilde que dedicaba su vida al chamanismo.
Presas fáciles.
Fueron capturados y llebados ante el propio Thark el cual no había participado en esa cacería. En ella puso especial interés, la elfa líder del grupo vió morir de forma atroz a todos y cada uno de sus compañeros, desmembrados, con huesos rotos, empalados, se hallaba encerrada en una jaula en forma de lagrima que le obligaba a colgar los pies por los bordes pintiaguos de la jaula dejandole siempre heridas habiertas en los muslos. La jaula tenia poca altura por lo que permanecía encorbada dia y noche hasta que se le atrofió la espalda y no pudo vorver a enderezarse. Paso varios dias sin comer ni beber, incluso se le privo el sueño por medio de sutiles torturas, llegando a desarrollar deliciosos métodos de tortura basados en el genero femenino, atrocidades que hicieron que aquella elfa desease no haber nacido. Un descubrimiento le dio el as que saciaria su sed de venganza; la elfa estaba encinta.
Lloro, imploró, suplicó piedad al enterarse de su estado, ni siquiera ella habia descubierto que estaba embarazada.
-Tendré con tu bastardo la misma piedad que tuvieron los tuyos con mi abuela pequeña elfecilla-
Le susurro Thark con una voz tenebrosa y llena de odio mientras preparaba una nueva tortura, esta vez la peor de todas.
Utilizando un cuchillo oxidado, abrio en canal el abdomen, arranco de las entrañas de la elfa aquel pequeño demonio de orejas puntagudas. ante el llanto desconsolado de la madre aplasto con una mano su diminuto cuerpecito, para despues arrancarle el craneo de cuajo.
Durante mas de seis lunas duró su tormento, limpió bien su trofeo procurando hacerlo suempre delante de la prisionera, y delante estubo cuando unió el craneo a su hombrera derecha como simbolo de su odio. Se uso a la prisionera para experimentar con la linea de la magia chamanistica corrupta, una linea maldita que permitia mantener a la cautiva elfa con vida apesar de las toruras, recomponiendo los tejidos y huesos, sin ahorrarle el dolor.
Esta magia prohibida fue reviviendo en aquellos calabozos, sabía que estaba mal, pero, era tan satisfactorio, le daba tanto poder...
Lograba apaciguarse conforme aumentaba el tormento de los elfos, su sed de venganza era calmada con dulce sangre. Cuando el valiente orco se combirtió en una bestia cegada por el sabor de la sangre.
El había olvidado las enseñanzas de su amada Yinai.
Mas de una vez ahuyentaron incursiones enemigas a pueblos cercanos, ataques identicos a los que le habian dejado huérfano de pequeño, fue subiendo escalones en su sociedad hasta convertirse en un miembro importante del fuerte, el cual esperaba recibir pronto otro jefe de guerra designado por el gran rey orco.
Es algo de lo que no se sentiría orgulloso en un futuro aunque en ese momento nada le hizo más ilusión que, durante la reconstrucción de los desperfectos del fuerte, añadir una cámara enorme especialmente diseñada para el cautiverio y la tortura de enemigos de guerra, más de una tarde se había encerrado en esa sala con cada uno de los rehenes de la gran guerra falsa que había acabado con la vida de su único y mas preciado familiar.
Durante uno de sus combates uno a uno Thark había descubierto algo muy curioso, tan curioso que lo puso a prueba y pasó con nota. La carne de elfo sabia mucho mejor que la de cerdo, sobre todo si la acompañabas de jugosa y suculenta sangre caliente de la víctima. tenia que defenderse de su agresor y no se le ocurrió otra cosa que pegar un bocado a su garganta. no se arrepintió de hacerlo.
A a algunos orcos les pareció algo inutil e innecesario, otros simplemente lo vieron algo normal y un ultimo grupo reducido se unió a Thark en sus cacerías para probar el sabor de los dulces elfos.
El dolor lo rompía por dentro, si, pero el poder provocar tanto sufriendo en sus víctimas le hacia sentir tan bien...
Lo mejor era arrancarles un brazo, calcinar la herida y devorar la extremidad mientras el prisionero seguía retorciéndose de dolor.
Memorizó todos y cada uno de los lamentos, los insultos a su raza, cada llanto y cada sollozo, cada grito de agonía. Recordaba con especial cariño a la elfa que se reconoció como la asesina de su abuela que acompañada por un grupo de guerreros acechaban los arrededores de una aldea de pacificos espiritistas, gente humilde que dedicaba su vida al chamanismo.
Presas fáciles.
Fueron capturados y llebados ante el propio Thark el cual no había participado en esa cacería. En ella puso especial interés, la elfa líder del grupo vió morir de forma atroz a todos y cada uno de sus compañeros, desmembrados, con huesos rotos, empalados, se hallaba encerrada en una jaula en forma de lagrima que le obligaba a colgar los pies por los bordes pintiaguos de la jaula dejandole siempre heridas habiertas en los muslos. La jaula tenia poca altura por lo que permanecía encorbada dia y noche hasta que se le atrofió la espalda y no pudo vorver a enderezarse. Paso varios dias sin comer ni beber, incluso se le privo el sueño por medio de sutiles torturas, llegando a desarrollar deliciosos métodos de tortura basados en el genero femenino, atrocidades que hicieron que aquella elfa desease no haber nacido. Un descubrimiento le dio el as que saciaria su sed de venganza; la elfa estaba encinta.
Lloro, imploró, suplicó piedad al enterarse de su estado, ni siquiera ella habia descubierto que estaba embarazada.
-Tendré con tu bastardo la misma piedad que tuvieron los tuyos con mi abuela pequeña elfecilla-
Le susurro Thark con una voz tenebrosa y llena de odio mientras preparaba una nueva tortura, esta vez la peor de todas.
Utilizando un cuchillo oxidado, abrio en canal el abdomen, arranco de las entrañas de la elfa aquel pequeño demonio de orejas puntagudas. ante el llanto desconsolado de la madre aplasto con una mano su diminuto cuerpecito, para despues arrancarle el craneo de cuajo.
Durante mas de seis lunas duró su tormento, limpió bien su trofeo procurando hacerlo suempre delante de la prisionera, y delante estubo cuando unió el craneo a su hombrera derecha como simbolo de su odio. Se uso a la prisionera para experimentar con la linea de la magia chamanistica corrupta, una linea maldita que permitia mantener a la cautiva elfa con vida apesar de las toruras, recomponiendo los tejidos y huesos, sin ahorrarle el dolor.
Esta magia prohibida fue reviviendo en aquellos calabozos, sabía que estaba mal, pero, era tan satisfactorio, le daba tanto poder...
Lograba apaciguarse conforme aumentaba el tormento de los elfos, su sed de venganza era calmada con dulce sangre. Cuando el valiente orco se combirtió en una bestia cegada por el sabor de la sangre.
El había olvidado las enseñanzas de su amada Yinai.
viernes, 7 de noviembre de 2014
Yinai:
Thark había pasado toda la mañana lejos buscando una
criatura de grandes dimensiones a la que le seguía el rastro desde hacia varias
lunas. Le gustaba cazar, era una de sus pocas aficiones.
Esta vez se trataba de un ciervo especialmente veloz que ya había eludido vivazmente varias trampas del joven orco.
tras varias horas de seguir su rastro, logró emboscarlo en la garganta un alto desfiladero que terminaba en un semicirculo cerrado. La bestia se encabritó, se encontraba encerrada y parecía muy dispuesta a defenderse.
Esquivó la primera embestida, notando el aliento de la bestia agitada por el combate. Se giro con rapidez y estampó una contundente maza de madera en la testa del animal, que, aturdido, salto hacia atrás. Sacudió la cabeza, atacó otra vez, Thark intentó evitar el golpe pero una cornada certera del animal destrozó su maza y desgarro la carne de su brazo izquierdo.
Con una potente patada alejó al animal de su lado, desenfundo un cuchillo de caza bastante afilado, tomando con el cuchillo algo de la sangre derramada, se la llevó a laboca y bebió de ella.
Un poderoso fuego se encendió dentro de él, sacrificio de sangre le entregaba su poder, no podía equipararse a un sacrificio de verdad pero le servía para ganar algo de tiempo.
Con un sonoro grito de batalla se lanzó de frente contra el animal, en un frenesí de golpes ensartó el cuchillo cerca del cuello, en la base de la espina dorsal acabando con la bestia en cuestion de minutos.
Esta vez se trataba de un ciervo especialmente veloz que ya había eludido vivazmente varias trampas del joven orco.
tras varias horas de seguir su rastro, logró emboscarlo en la garganta un alto desfiladero que terminaba en un semicirculo cerrado. La bestia se encabritó, se encontraba encerrada y parecía muy dispuesta a defenderse.
Esquivó la primera embestida, notando el aliento de la bestia agitada por el combate. Se giro con rapidez y estampó una contundente maza de madera en la testa del animal, que, aturdido, salto hacia atrás. Sacudió la cabeza, atacó otra vez, Thark intentó evitar el golpe pero una cornada certera del animal destrozó su maza y desgarro la carne de su brazo izquierdo.
Con una potente patada alejó al animal de su lado, desenfundo un cuchillo de caza bastante afilado, tomando con el cuchillo algo de la sangre derramada, se la llevó a laboca y bebió de ella.
Un poderoso fuego se encendió dentro de él, sacrificio de sangre le entregaba su poder, no podía equipararse a un sacrificio de verdad pero le servía para ganar algo de tiempo.
Con un sonoro grito de batalla se lanzó de frente contra el animal, en un frenesí de golpes ensartó el cuchillo cerca del cuello, en la base de la espina dorsal acabando con la bestia en cuestion de minutos.
Al llegar a casa su abuela le miro con gesto grabe, curioso
se acerco a ella y le pregunto acerca de lo que le ocurria,
Le respondió:
-El jefe de guerra esta reuniendo a sud orcos, se aproxima
una guerra y tu participaras en ella… no te veo en el futuro Thark esa guerra
cambiará algo-
Turbado por las palabras de la anciana dejo la presa en la
mesa mientras hablaba:
-Pero si no saben donde estamos-
-La nueva guia espiritual del jefe sabe que estamos vivos,
sabe que la anciana Yinai cria al bastago de dos de los mejores guerreros de
sus subditos y vendran a ponerte en fila de guerra-
-¿Debemos huir entonces?-
La anciana le dirigió una mirada furiosa y le soltó un
bastonazo.
–Un orco nunca huye me has entendido, irás a la batalla-
–Un orco nunca huye me has entendido, irás a la batalla-
-Pero tus visiones del futuro…-
-Acepta tu destino, Thark, sigue el camino de tu espiritu. Tu eres su gía decide como actuarás en
consecuencia-
Tal como predijo la anciana a los pocos dias, unos orcos con
armaduras de guerrero fueron a buscarlo a la entrada del pueblo, precedido de
su abuela se encaminó con ellos hacia la morada del actual jefe de guerra, era apenas
un par de horas de jornada a paso rapido, aunque tuvieron que aminorar la
marcha para esperar a Yinai cuyas piernas no soportaban marchas largas.
Poco a poco fue apareciendo ante ellos un recinto enorme,
fuertemente amurallado y muy bien protegido, fuera, a sus alrededores varias
casas formaban pequeños poblaos en distintos puntos a la sombra del gran muro. Formaban
una especie de tela enmarañada que se tejia desde la fortaleza hasta la linde
del bosque, era un espectaculo grandioso, aquel era un dia de mercado y Thark
que nunca habia tratado con mas orcos que su abuela se hallo estupefacto ante
tal cantidad de gente. Admiro las construcciones, tan distintas a la choza
derruida donde había crecido.
Fascinado vio cazadores con pieles de animales que el había
tenido en mas de una ocasión que evitar pasa salvar su vida, mascotas que solo
verdaderos domadores podrían tener de compañero.
A la entrada del fuerte le obligaron a dejar su arma a un
maestro armero, le aposentaron en una habitación donde le ordenaron esperar
junto a la anciana. Pasado un buen rato lo llamaron a presentarse ante el gran
Urk-strik actual jefe de guerra orco.
Fue presentado cono el hijo perdido de unos aldeanos clasificado
como la incursión del verano hecha por Enanos y Elfos.
Paso los días entrenando, le costaba mucho moverse con las
pesadas armaduras que le habían otorgado en el cuartel, le devolvieron su arma
pero le prohibieron usarla pues al conocer su procedencia sabían lo peligrosa
que era. Destaco como luchador cuerpo a cuerpo, tenía un alto nivel de supresión
del dolor muy eficaz para aguantar golpes y devolverlos con más fuerza, entrenó
día y noche al servicio de su señor. Yinai fue sacada de la fortaleza y
asignada a una casa de la linde del bosque, aunque Thark se negó la anciana le
dijo que estaría bien, y receloso dejo que se la llevaran.
Fue una de las guerras mas sangrientas desde hacían muchos
años, los enemigos intentaban tomar por la fuerza territorios orcos que no
entraban en su reino por la fuerza, rompiendo el pacto que había firmado décadas
atrás capturaron muchos enemigos y mataron aun más pero la sangre derramada
superaba con creces las cifras que cualquiera hubiese podido contar, muchos de
los guerreros utilizaron Furia Sangrienta como ultimo recurso, ellos fueron los
que declinaron la balanza a favor de los orcos. En aquella batalla la maza de
thark pudo saborear de nuevo después de tanto tiempo el sabor de la sangre
fresca. Lucho como un berserker aunque todo fue en vano, pues mientras las
fuerzas del jefe orco se centraban en el territorio a defender, el enemigo cayó
con toda la fuerza que tenia sobre el fuerte de Urk-strik. Fue una masacre,
mentirosos, asquerosos, traidores, no luchaban de forma honrosa. Al volver a
casa de la batalla no solo se encontró que la tumba del jefe de guerra, también
con la tumba de su Yinai, la cual había sido abandonada a su suerte tras la
primera oleada de ataques.
Thark:
Fué entrenado desde pequeño en el arte de la lucha, adiestrado por su
abuela, una de las mas grandes chamanas que este mundo llego a ver ejercer su
arte.
Siempre muy estricta con la formación del pequeño orco, no se le permitía jugar fuera, ni dormir a deshoras. Aprendió a escuchar a la naturaleza a la vez que a odiar profundamente a todas y cada una de las razas enemigas, encontró un pequeño lobo perdido, ante esta hallazgo consultó a Yinai la posibilidad de quedárselo.
Le dió un bastonazo y le obligo a buscar durante dos dias seguidos sin descanso a los padres del peuqeño. Fue muy duro y le cogió bastante cariño al cachorro, lo único que recompensó el esfuerzo fua la infinita felicidad de lobezno al reencontrarse con sus progenitores.
Les vrindo comida y algunos manjares que habia cazado durante el camino y reemprendió la marcha hacia casa.
Fue guiado en el camino de los ancestros, estudió las bases del chamanismo, el poder de los elementos y de manera superficial el poder de los espiritus.
Siempre muy estricta con la formación del pequeño orco, no se le permitía jugar fuera, ni dormir a deshoras. Aprendió a escuchar a la naturaleza a la vez que a odiar profundamente a todas y cada una de las razas enemigas, encontró un pequeño lobo perdido, ante esta hallazgo consultó a Yinai la posibilidad de quedárselo.
Le dió un bastonazo y le obligo a buscar durante dos dias seguidos sin descanso a los padres del peuqeño. Fue muy duro y le cogió bastante cariño al cachorro, lo único que recompensó el esfuerzo fua la infinita felicidad de lobezno al reencontrarse con sus progenitores.
Les vrindo comida y algunos manjares que habia cazado durante el camino y reemprendió la marcha hacia casa.
Fue guiado en el camino de los ancestros, estudió las bases del chamanismo, el poder de los elementos y de manera superficial el poder de los espiritus.
La vida estricta y solitaria de un orco en un pueblo fantasma arrasado tiempo atrás lo comvirtió en un ser solitario, no le gustaba la compañia a nos que fuese de algún animal y se volvió muy autosuficiente.
Solia su criadora relatarle muy a menudo con todo lujo de detalles lo que, la noche que vino al mundo, pudo ver através de la canalización de su espiritu. El horror de la matanza, la desesperación, el sacrificio de sus padres y de loa habitantes de la pequeña aldea. Vio la muerte y el poder que se encerraba en el sacrificio de sangre liberado aquella noche.
Aquellas cruzadas enemigas llamadas luchas de honor que consistian en atacar a sus enemigos por la noche a oscuras mientras todos duermen, mas de una vez escucho marchar a las otras razas en pequeños grupos, acechando al abrigo de las noches sin luna un nuevo objetivo, y mas de una vez puto arrancarle la vida a algún despistado rezagado.
Aquellas cruzadas enemigas llamadas luchas de honor que consistian en atacar a sus enemigos por la noche a oscuras mientras todos duermen, mas de una vez escucho marchar a las otras razas en pequeños grupos, acechando al abrigo de las noches sin luna un nuevo objetivo, y mas de una vez puto arrancarle la vida a algún despistado rezagado.
Thark se volvió, a pesar de su odio, en un joven orco bastante
racional, que basaba sus actos en su juicio y las leyes del honor, no atacaba a seres indefensos a nos que fuese para alimentarse, no timaba parte en luchas en desventaja enemiga.
Contaba con poder, por medio de dichas acciones, conseguir pronto su apellido, aquel nombre secundario por el que sería reconocido ante la sociedad orca.
Devía demostrar su valor y su fuerza realizando una proeza digna de ser recordada. A él no le servía el poder utilizar las azañas de su padre.
Deseaba ser el autor de sus propia historia.
Contaba con poder, por medio de dichas acciones, conseguir pronto su apellido, aquel nombre secundario por el que sería reconocido ante la sociedad orca.
Devía demostrar su valor y su fuerza realizando una proeza digna de ser recordada. A él no le servía el poder utilizar las azañas de su padre.
Deseaba ser el autor de sus propia historia.
Creció fuerte, curtido en los peligrosos bosques que rodean el poblado. Cuando tubo edad suficiente como para enarbolar un
arma a su altura, su abuela le dió el regalo que marcaría una nueva etapa de su
vida.
La maza con la que su padre le protegió en día de su nacimiento. Una enorme maza de dos manos y una cabeza de nada menos que ocho hojas, pesaba bastante.
-¿Qué es esto Yinai?- Preguntó el inocente orco
La maza con la que su padre le protegió en día de su nacimiento. Una enorme maza de dos manos y una cabeza de nada menos que ocho hojas, pesaba bastante.
-¿Qué es esto Yinai?- Preguntó el inocente orco
-Esta fue el arma que tus ancestros legaron a tu abuelo, tu abuelo se la entregó a tu padre y ahora tienes que ser digno de ella-
-¿Qué nombre tiene esa maza Yinai?-
-El nombre tienes que ponerselo tú, Thark, buscarle un nombre a su altura, pues desde hoy y hasta el día de tu muerte, esta maza sera tu compañera en el ejercicio de tu poder-
Con una nueva visión del arma Thark la cogió con ambas manos, con una sonrisa en los labios dijo:
-Seré digno de ella Yinai y algún dia vengare a padre y madre con ella-
-¿Qué nombre tiene esa maza Yinai?-
-El nombre tienes que ponerselo tú, Thark, buscarle un nombre a su altura, pues desde hoy y hasta el día de tu muerte, esta maza sera tu compañera en el ejercicio de tu poder-
Con una nueva visión del arma Thark la cogió con ambas manos, con una sonrisa en los labios dijo:
-Seré digno de ella Yinai y algún dia vengare a padre y madre con ella-
Thark podía notar la leve vibración que emitia aquella belleza, un
sonido sordo que gritaba sin palabras. Al principio no le entendió, pero en
mensaje era claro. Sangre.
Se trataba de una arma espiritual, magica, poderosa, de las que
fueron creadas en los albores de las guerras de razas. Un arma capaz de infundir miedo en cualquiera de sus oponentes. Cada vez que se enarbolaba en combate debía probar el sabor de la sangre ya fuese enemiga o no. Era una de las partes de su poder, con este arma podría hacer grandes cosas.
Una de las muchas lecciones que le dió su abuela fue la de no aprovechar nunca su superioridad ante alguien mas débil, era un deshonor. Cuando cazaba, tenía que ir a por las presas de su tamaño, cuando pescaba, a por los que diesen mas guerra. pero nunca a por un ser debil.
Una tarde que volvía de cazar, apenas habia conseguido un jabalí enano, se encontraba exausto y cuando llego a casa un bastonazo de Yinai lo despejó.
-¿Esta es la cena? con este cochinillo no tengo ni para empezar, más te vale volver antes de que aochezca con una buena presa-
-Pero Yinai, no puedo más-
La anciana saco uno de sus cuchillos tribales de un bolso toscamente tejido.
-Enseñame tu brazo- Thark obedeció sin comprender. Lentamente abrió un herida en el costado de la articulación, produciendole un fluido sangrado.
-Bebetela- Ordenó
Thark aguantando el dolor producido por el corte, se llevo la herida a la boca y bebió con avidez. No era exajeradamente mucha la sangre que bebió, pero basto para que perdiese el control.
Desbocado salió corriendo en dirección al bosque y empezó a atacar a cuanquier cosa que se le pusiese por delante.
La anciana miró preocupada este comportamiento, una cantidad tan pequeña de sangre no era suficiente para activar de manera tan exagerada el poder de "ansia de sangre" que despertaba en los orcos.
Una tarde que volvía de cazar, apenas habia conseguido un jabalí enano, se encontraba exausto y cuando llego a casa un bastonazo de Yinai lo despejó.
-¿Esta es la cena? con este cochinillo no tengo ni para empezar, más te vale volver antes de que aochezca con una buena presa-
-Pero Yinai, no puedo más-
La anciana saco uno de sus cuchillos tribales de un bolso toscamente tejido.
-Enseñame tu brazo- Thark obedeció sin comprender. Lentamente abrió un herida en el costado de la articulación, produciendole un fluido sangrado.
-Bebetela- Ordenó
Thark aguantando el dolor producido por el corte, se llevo la herida a la boca y bebió con avidez. No era exajeradamente mucha la sangre que bebió, pero basto para que perdiese el control.
Desbocado salió corriendo en dirección al bosque y empezó a atacar a cuanquier cosa que se le pusiese por delante.
La anciana miró preocupada este comportamiento, una cantidad tan pequeña de sangre no era suficiente para activar de manera tan exagerada el poder de "ansia de sangre" que despertaba en los orcos.
Lo que mas marcó a Thark era la profunda mirada de los ojos azules de su abuela, tan extraños y desconocidos mirando el cielo infinito. Entre los suyos era una marca que destinaba al protador a hacer cosas grandes.
Y ella lo había hecho.
A muenudo relataba sus grandes batallas junto a los mas poderosos jefes de guerra, contra enemigos inimaginables y en condiciones de inferioridad en muchos casos.
Le contó como en el norte las tribus de orcos convivían con grandes lobos de las nieves, los cuales gracias a ella hallaron un hogar lejos de las persecuciones y cacerías humanas.
Y ella lo había hecho.
A muenudo relataba sus grandes batallas junto a los mas poderosos jefes de guerra, contra enemigos inimaginables y en condiciones de inferioridad en muchos casos.
Le contó como en el norte las tribus de orcos convivían con grandes lobos de las nieves, los cuales gracias a ella hallaron un hogar lejos de las persecuciones y cacerías humanas.
Amaba a su abuela desde el respeto y la admiración, era su único lazo con sus antepasados, por eso, el día que perdio a Yinai, para Thark todo cambió completamente.
Odio, venganza y sangre.
Odio, venganza y sangre.
jueves, 6 de noviembre de 2014
THARK Primera parte.
Un profundo silencio cubría la fría noche invernal en la aldea. Un silencio crudo y artificial poco acorde al bosque lleno de vida que los rodeaba por completo. Un vigía orco escudriñaba ocioso desde un tejado bajo buscando con la mirada cualquier indicio de amenaza. Se tornó alerta cuando una pequeña bandada de pájaros se alborotó y abandono a vuelo rápido un área del bosque. Erigiéndose de forma inmediata, dejó salir de sus pulmones un suave silbido en llamado de una pareja de grande huargos que andaban rondando la zona. Enarbolando su maza a dos manos se internó en el bosque, en dirección al lugar de donde huyeron las aves.
Unos pocos metros más adelante unas siluetas recortaban la clara luz de una luna llena que bañaba la noche con su luz plateada. El vigía, sin alterarse, ordenó al los huargos flanquear por los lados mientras el se disponía a cargar de frente contra lo que sin duda no eran miembros ni del clan, ni de su raza.
En el poblado, una tenue luz se dejaba entre ver a través de las rendijas de una de las barracas más céntricas del poblado. Gromma, una de las más hábiles guerreras, luchaba esta vez por dar a luz al primogénito de su compañero Draggar "The FireSoul". Con fuertes raíces chamanísticas en su familia, el augurio de su nacimiento un una noche de luna llena los llenaba de felicidad y gran preocupación. Yinai, la madre de Draggar, gran matriarca de la aldea y una de las últimas grandes chamanas del pueblo orcos, presidía el parto con la habilidad proporcionada por años de experiencia. Más que demostrada su habilidad quedó al, después de un intenso parto, tendiéndole la criatura en perfecto estado a Draggar, proclamar que el pequeño poseía la gélida mirada de ojos azules. Un hecho tan poco común que apenar un puñados de seres de su misma raza había compartido. La misma Yinai fue la última orco de ojos azules que el mundo había visto en varias décadas, incluso se hablaban de siglos. Su nacimiento en una noche de luna llena era algo mucho más inusual aun.
Se desató una encarnizada pelea entre un grupo de avanzadilla de enanos y el hábil vigía orco, lo superaban en número pero en el claro su arma contaba con gran ventaja y además a su orden se hallaban agazapados, en la maleza, los dos poderosos huargos.
-Kagh daur grommash!-
Gritó mientras cargaba con el más próximo enemigo. El enano sorprendido no pudo evitar la poderosa acometida que con la fuerza de una abalanza encasillo la cabeza de su maza en el pecho del enano, haciendo sonar cada hueso de su cavidad torácica en forma de estridentes crujidos. Al tocar el suelo el enano ya no respiraba. El resto de la avanzadilla observo horrorizada más al observar en el rostro de alguno una maliciosa sonrisa de victoria adivinó que había sido emboscado. Un lastimero aullido proveniente de la maleza no hizo mas que confirmárselo. Silbó. Solo la huargo blanca volvió a su lado mientras de entre lo profundo del bosque una legión de elfos, ataviados de armaduras doradas empezó a rodear al vigía. El que parecía ser el líder lanzó a sus pies un colmillo recién arrancado. Se giró, ordenó a la loba volver a alertar al poblado mientras se preparaba pues sabía que si la loba podía alertar a su gente, aún muriendo, habría vencido.
La anciana se tambaleó por un momento, sin mediar palabra se apresuró a sacar un amuleto y sujetándolo entre sus manos se apresuró a capturar la esencia del fiel compañero que apunto estuvo de abandonar para siempre el plano de la existencia. Draggar la miró y estuvo a punto de preguntarle cuando un largo y escalofriante aullido de alarma bañó la aldea con su aterrador significado. Su compañera pareció palidecer. Y se miraron a la vez, con el cuerpo tensado, sabiendo que se vendría lo peor.
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