Tardó casi tres semanas en decidirlo, tenia que alejarse de ahí. aquellos muros lo asfixiaban ademas sentía unas extraña añoranza hacia la elfa.
Explico al jefe de guerra que quería volver a su poblado para recobrar las pertenencias de sus ancestros ya que después de aquel ataque fatal no había vuelto por ahí.
Tardo tan solo un par de días en buscar un sustituto temporal a quien dejar al cargo de las guardias y las redadas de rastreo. recoger sus pocas pertenencias útiles y preparar una gran montura worguen para el viaje; el gran lobo negro podría ayudarle a cargar con parte de los objetos que tenia pensado llevar.
Al alba cargó a la bestezuela con los enseres y empezó su camino tras despedirse del cocinero prometiendole buenas piezas para su horno y del mozo de establos, un joven orco acogido por el gran jefe de guerra.
Le esperaban un par de horas de viaje, apresuró el paso haciendo atronar el suelo bajo sus pasos y rompiendo el silencio con el rechinar de los golpes de su armadura. El enorme lobo trotaba a su lado con gesto alegre, este ejemplar había abandonado pocas veces el castillo, era un macho joven, de buena raza. Era un camino tranquilo, pasadas las guerras por ese territorio y habiendo perdido meses después el territorio de su antiguo hogar, ahora este camino era el único paso seguro por el que se podía andar sin vigilar constantemente tus espaldas.
Esos asquerosos orcos picaros, burdos asesinos sigilosos, no pelean de frente solamente esperan a que el enemigo este descuidado para poner fin a su existencia sin honor alguno. No es una maestría bien vista entre los suyos, aunque sean útiles al rey y a sus propósitos ese método de lucha los orcos lo encuentras repulsivo.
Camino durante dos horas jugueteo con el worguen, por el camino el enorme animal despedazo un jabalí como aperitivo lo cual hizo reír bastante a Thark. Parecía un buen compañero de caza, anque tan solo eran entrenados como monturas.
A Thark no le gustaba usarlos como monturas, prefería su noble compañía dando un paseo o en un viaje largo.
A lo lejos comenzó a divisar las ruinas de lo que había sido su poblado hacia tanto tiempo, aminoró el paso, pasó por aquellas travesías que de pequeño había recorrido tantas veces con su bisabuela, tantos lugares reducidos a escombros y cenizas, el lugar en el que aquel gran roble daba sombra a los jóvenes orcos que buscaban un momento de descanso de sus tareas diarias, solo quedaba un tronco oscuro y calcinado, congelado en el tiempo se desacía poco a poco igual que su pasado. Notaba ese odio en su interior, deseo de sangre, lo deseaba.
Llego a su hogar, habían pequeños cambios, ventanas reparadas, puertas bien encajadas, tenia menos basura.
Empujo la puerta, chirrió un poco, su interior vacío, en semi oscuridad.
Entró.
No había nadie, buscó con la mirada.
-¿Hola?- dijo en voz baja.
Una sombra salto detrás de el, sin poder evitarlo intentó desenfundar su arma, pero antes de conseguirlo la elfecilla le abrazó, le miró a la cara, el se encontró con una expresión de dolor con lagrimas en los ojos. Ella lo abrazó mas fuerte.
-¡Eres un tonto, dijiste que volverías pronto!-
Estaba sorprendido, aquella agilidad. No la había visto hasta el último momento. Esas palabras se clavaban en su memoria. La abrazó.
-Eres un orco tonto, tonto, tonto, tonto-
El la dejó llorar.
-Pensé que no volverías nunca, mi familia dijo que volvería y no volvió nunca, no quiero que me dejes-
-No te dejaré-
Dijo para sorpresa de ella, ella siguió llorando, hasta quedar dormida.
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