Un profundo silencio cubría la fría noche invernal en la aldea. Un silencio crudo y artificial poco acorde al bosque lleno de vida que los rodeaba por completo. Un vigía orco escudriñaba ocioso desde un tejado bajo buscando con la mirada cualquier indicio de amenaza. Se tornó alerta cuando una pequeña bandada de pájaros se alborotó y abandono a vuelo rápido un área del bosque. Erigiéndose de forma inmediata, dejó salir de sus pulmones un suave silbido en llamado de una pareja de grande huargos que andaban rondando la zona. Enarbolando su maza a dos manos se internó en el bosque, en dirección al lugar de donde huyeron las aves.
Unos pocos metros más adelante unas siluetas recortaban la clara luz de una luna llena que bañaba la noche con su luz plateada. El vigía, sin alterarse, ordenó al los huargos flanquear por los lados mientras el se disponía a cargar de frente contra lo que sin duda no eran miembros ni del clan, ni de su raza.
En el poblado, una tenue luz se dejaba entre ver a través de las rendijas de una de las barracas más céntricas del poblado. Gromma, una de las más hábiles guerreras, luchaba esta vez por dar a luz al primogénito de su compañero Draggar "The FireSoul". Con fuertes raíces chamanísticas en su familia, el augurio de su nacimiento un una noche de luna llena los llenaba de felicidad y gran preocupación. Yinai, la madre de Draggar, gran matriarca de la aldea y una de las últimas grandes chamanas del pueblo orcos, presidía el parto con la habilidad proporcionada por años de experiencia. Más que demostrada su habilidad quedó al, después de un intenso parto, tendiéndole la criatura en perfecto estado a Draggar, proclamar que el pequeño poseía la gélida mirada de ojos azules. Un hecho tan poco común que apenar un puñados de seres de su misma raza había compartido. La misma Yinai fue la última orco de ojos azules que el mundo había visto en varias décadas, incluso se hablaban de siglos. Su nacimiento en una noche de luna llena era algo mucho más inusual aun.
Se desató una encarnizada pelea entre un grupo de avanzadilla de enanos y el hábil vigía orco, lo superaban en número pero en el claro su arma contaba con gran ventaja y además a su orden se hallaban agazapados, en la maleza, los dos poderosos huargos.
-Kagh daur grommash!-
Gritó mientras cargaba con el más próximo enemigo. El enano sorprendido no pudo evitar la poderosa acometida que con la fuerza de una abalanza encasillo la cabeza de su maza en el pecho del enano, haciendo sonar cada hueso de su cavidad torácica en forma de estridentes crujidos. Al tocar el suelo el enano ya no respiraba. El resto de la avanzadilla observo horrorizada más al observar en el rostro de alguno una maliciosa sonrisa de victoria adivinó que había sido emboscado. Un lastimero aullido proveniente de la maleza no hizo mas que confirmárselo. Silbó. Solo la huargo blanca volvió a su lado mientras de entre lo profundo del bosque una legión de elfos, ataviados de armaduras doradas empezó a rodear al vigía. El que parecía ser el líder lanzó a sus pies un colmillo recién arrancado. Se giró, ordenó a la loba volver a alertar al poblado mientras se preparaba pues sabía que si la loba podía alertar a su gente, aún muriendo, habría vencido.
La anciana se tambaleó por un momento, sin mediar palabra se apresuró a sacar un amuleto y sujetándolo entre sus manos se apresuró a capturar la esencia del fiel compañero que apunto estuvo de abandonar para siempre el plano de la existencia. Draggar la miró y estuvo a punto de preguntarle cuando un largo y escalofriante aullido de alarma bañó la aldea con su aterrador significado. Su compañera pareció palidecer. Y se miraron a la vez, con el cuerpo tensado, sabiendo que se vendría lo peor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario